martes, 5 de marzo de 2019

OTRA∃DUCACION





OTRA∃DUCACION


Posted: 18 Feb 2019 07:57 AM PST


Times Higher Education 

En una reunión de trabajo con jóvenes profesionales, en Medellín, les pedí que empezáramos con una ronda de presentaciones. Cada uno debía decir qué hace y cuál es su especialidad. Eramos cerca de 30 personas alrededor de la mesa y la ronda de presentaciones duró más de una hora. La mayoría de los presentes tenía dos y hasta tres títulos universitarios, y en temas dispares, algunos muy novedosos. Unos pocos estaban pensando ya incluso en un cuarto título. Todo esto con grandes sacrificios para muchos de ellos, trabajando y estudiando al mismo tiempo, madrugando y trasnochando, durmiendo poco, invirtiendo gran tiempo en movilizarse en la ciudad, etc.

Quedé aturdida, llena de curiosidad y de preguntas. ¿Por qué no basta con un título, a lo sumo dos? Básicamente, la dictadura de los tiempos, cuestión de sobrevivencia. Con uno o dos títulos ya no alcanza muchas veces para conseguir empleo, o un buen empleo. Se requiere tres para ser competitivo. ¿Por qué eligen carreras que a menudo no tienen que ver con lo que estudiaron antes, en vez de profundizar y especializarse en un campo? La diversidad permite más oportunidades laborales. 

La titulitis es mundial y está instalada con fuerza también en el Ecuador. Los CVs son vitrinas de títulos y lugares de estudio. Ya no basta con licenciaturas e incluso maestrías; la meca es el Ph.D (muchos no saben qué significa, en qué se diferencia de un vulgar doctorado). Quien obtiene un título lo considera su primer título. El que logró el segundo, quiere un tercero. Al hilo. O en simultáneo. Mejor si en el extranjero.

A jóvenes y padres de familia que me consultan sobre estos temas, les digo: a) la clave para ser feliz y ser bueno en lo que se hace está en identificar y perseguir una pasión más que un título per se; b) antes de elegir una carrera de estudio hay que informarse bien (de qué se trata, cuáles son las posibilidades de encontrar cupo en una universidad y de conseguir un empleo que tenga algo que ver con ese que se estudió; c) para aprovechar lo que puede aportar una maestría o un doctorado conviene tener alguna experiencia de vida y alguna experiencia de trabajo; la secuencia licenciatura-maestría-doctorado requiere pausas de vida activa entre ellas.

Estudié en el Ecuador una licenciatura en Ciencias de la Educación y luego una en Lingüística, y un Profesorado en Segundas Lenguas, antes de irme a México, con una beca, a los 28 años, a estudiar un doctorado en Lingüística (3 años de estudio). Siempre estudié y trabajé al mismo tiempo, me financié mis estudios y aporté al sustento de mi familia. A los 18 años me inicié trabajando como guía turística, a los 20 era guía del Museo Arqueológico del Banco Central (aprendí arqueología con los mejores y devoré muchos libros), a los 22 (embarazada de mi primer hijo) daba clases de inglés en un colegio secundario, a los 23 enseñaba inglés y alemán en la Universidad Católica y en la Universidad Central, en Quito. Todo esto con mi título de bachiller y mientras estudiaba en la universidad.

Agradezco pertenecer a una generación y a una época en que íbamos a la universidad y elegíamos un campo de estudio motivados más por preferencias personales que por el mercado de trabajo. Los títulos importaban mucho menos y lo que uno leía importaba mucho más. Los jóvenes nos formábamos no solo en el estudio sino en el trabajo, en la lectura, en el contacto con otros, en el servicio y la participación en causas sociales, en el ensayo y el error.

Nunca les dí importancia a los títulos. No los menciono. No los tengo enmarcados. Ni siquiera los tengo registrados en la SENESCYT.

A quienes me preguntan que dónde he aprendido lo que sé, les digo que en el trabajo, leyendo, escribiendo y viajando, cuatro poderosas fuentes de aprendizaje. No me vienen a la mente ni el colegio ni la universidad. Ultimamente, claro, agrego internet. Es mucho lo que aprendo todos los días en y gracias a internet, incluidos cursos en línea - gratuitos - elegidos a antojo sobre los temas más diversos y apasionantes.

A medida que transcurre la vida uno va afinando la conciencia metacognitiva, identificando mejor qué, dónde y cómo aprende, perfeccionando el autodidactismo, identificando y combinando fuentes y recursos para aprender en los propios términos. Si uno aprendió a aprender desde la infancia y a lo largo de la vida, el placer de conocer no tiene límite y no acaba nunca.

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